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Los modelos de negocio rentables que incorporen la sostenibilidad serán la tendencia global para responder al cambio climático

Solo las entidades bancarias y constructoras
que migren hacia nuevos modelos de negocio sostenibles seguirán vigentes en el mercado. Los efectos del cambio climático representan una fuente de oportunidades para que los constructores ofrezcan infraestructura resiliente y amigable con el medioambiente.

Para IFC, el negocio verde es un área fundamental, porque la evidencia del cambio climático obliga a establecer nuevos paradigmas para el desarrollo de negocios, los mismos que desde hace más de cinco años están cambiando, migrando a áreas que incluyen la sostenibilidad como uno de sus principios básicos.

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En estos días, existe un gran período de aceleración, en el que urge la transformación hacia modelos de negocio que promuevan las mejores prácticas ambientales, de mitigación y de adaptación al cambio climático.

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Carlos Serrano reveló que el Grupo Banco Mundial se ha comprometido, a través del IFC, a que al menos el 35 por ciento de
los recursos invertidos a nivel global sean destinados a proyectos que mitiguen los efectos del cambio climático. Por tanto, el

35 % de lo que IFC invierta hasta el 2030, deberá ser “verde”.


Este es un tema importante, añadió, porque los países están alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)
de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y con los compromisos derivados del Acuerdo de París firmado en la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21), en la que todos los participantes, incluido Bolivia, se comprometen a trabajar por la reducción de las emisiones de gases efecto invernadero. En ese sentido, el papel de la banca como ente financiador y transformador de un modelo económico que debe ser autosustentable, es un elemento clave.


Refirió que en Bolivia, el Banco Fassil está posicionándose como líder en finanzas verdes, e IFC está apoyando con una consultoría especializada para apoyar en la transformación de su modelo de negocio, que conjugue la rentabilidad y el impacto ambiental positivo de sus operaciones, promoviendo buenas prácticas internacionales.


Estas buenas prácticas deberán extenderse al sector de la construcción, ya que a nivel global se estima que los edificios son responsables del 30 % de las emisiones globales de CO2, cifra que aumenta al 40 % si se incluye los materiales con los que han sido construidos.

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Según un reciente reporte de IFC, en Latinoamérica y el Caribe existe un potencial de inversión en construcción verde de 4.16
trillones de dólares (3.5 trillones Residencial, 0.66 trillones Comercial). Por esta razón, en los últimos cinco años se ha percibido
el despegue de la construcción sostenible y los edificios verdes o eficientes en la región.


Hacia una construcción sostenible en América Latina

 

Serrano y Serna opinaron que el giro de las empresas hacia la inversión en construcciones verdes y sostenibles no sólo es imprescindible, sino que es una gran oportunidad de negocio, tanto en Latinoamérica y a nivel global. Hay que tener en cuenta que la concentración de personas en las grandes ciudades está
haciendo presión sobre los recursos de todo orden: económico, infraestructural o habitacional.


Los grandes conglomerados en las urbes con acceso limitado a servicios como agua o transporte están llevando a la humanidad
a inclinarse por el negocio de la sustentabilidad integral, viviendas e infraestructura. “Todos estos antecedentes representan
oportunidades de negocios para las empresas que tienen la oportunidad, más que la obligación, de ofrecer soluciones a las
necesidades vitales de los ciudadanos, quizás la construcción sostenible sea la más requerida”, apuntó Serna.


Serrano recordó que tuvo la oportunidad de vivir la etapa de transformación del mercado. “Hace 10 años la gente era muy
reticente a asumir los cambios, rehuía de todo lo que tuviera que ver con sostenibilidad, porque el prejuicio de costos y encarecimiento estaba en su estado mental”, comentó. En cambio, hoy en día la sostenibilidad es una necesidad, una gran oportunidad de negocios; las constructoras en todo el mundo están dispuestas a concebir de una forma diferente que el crecimiento de las ciudades se realice con equilibrio.


Los edificios sostenibles pueden tener un coste inicial marginalmente más alto que los que no lo son. Sin embargo, si
representan un coste de operación anual es de al menos un 20 % más bajo, con lo cual, en el tiempo, la construcción sostenible es mucho más rentable y atractiva.


Certificación EDGE, el incentivo para construir sustentablemente


Hace un tiempo, el sello EDGE (Excelencia en Diseño para Eficiencias Mayores) está ganando mayor impulso y jerarquía.
Es una certificación impulsada por IFC, vigente en más de 130 países del mundo, incluidos Argentina, Colombia y México en
América Latina, se estima una pronta incursión en Bolivia.


La certificación EDGE está adaptada a las necesidades de los mercados en la región. Está orientada a proyectos que
presenten un 20 % mínimo de ahorro de agua, energía y energía incorporada en los materiales con respecto a un edificio
convencional. Ofrece un proceso de cumplimiento simplificado con tramitación reducida con respecto a otras certificaciones,
lo que posibilita que las constructoras estén más dispuestas a ejecutar obras que alcancen la mención, ensanchando el mercado
hacia ese esfuerzo, según detalló Serna.

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“El riesgo es no hacer nada, las empresas constructoras, desarrolladoras inmobiliarias y bancos financiadores están obligados a no omitir el cambio climático, tomarlo como la oportunidad más disruptiva a los modelos de negocios”, enfatizó Serrano por su parte. Añadió que urge la transformación de los modelos económicos hacia aquellos más sustentables, en el que las ciudades sean integralmente sostenibles, hay que tomar ventaja de la enorme oportunidad de migrar hacia un modelo económico, que tenga en cuenta la sustentabilidad.

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El sector de la construcción es una de las principales palancas. Por su calidad transversal afecta a muchísimas industrias y es uno de los mayores contribuyentes para el aumento de las emisiones que se trata de reducir; por lo tanto, hay una responsabilidad inmediata para su cambio.


“Queremos observar en Bolivia lo que percibimos en otros países de la región, que comiencen cambiando la mentalidad
para evolucionar y sentir que lo excepcional puede ser una regla habitual” puntualizó Serna.


¿Cómo funciona el negocio verde?


Carlos Serrano explicó que no es muy distinto del convencional, se define por aportar impacto medioambientalmente positivo, sin renunciar a la rentabilidad económica. Los proyectos verdes son ventajosos financieramente hablando y deben serlo, porque de lo contrario no serían económicamente sostenibles. Se apuesta a combinar la plusvalía con el impacto medioambiental y social favorable.


La banca actual está migrando de su anclaje en términos de Responsabilidad Social Corporativa hacia uno que promueva el negocio, pero de una forma responsable, que no se limite a prevenir sino a construir un mundo mejor y de una manera más rentable. “Ese es el gran cambio, pasar de un modelo pasivo hacia uno proactivo, que promueva negocios”, el cual, aparte de generar rentabilidad económica, aporte a la elevación de los niveles de bienestar social y reduzca los efectos nocivos para el entorno.


Los funcionarios del IFC señalaron que el mundo está viviendo una oportunidad para eliminar barreras. En Bolivia, un ejemplo es el Banco Fassil; los que queden en rezago desaprovecharán su posicionamiento en el mercado que se rige por leyes inexorables en todo el planeta. Recordaron que el cambio climático es una realidad, “todos estamos en la obligación de aportar para disminuir sus efectos”; en el caso de las empresas constructoras y la banca, la búsqueda del modelo sustentable de negocios es la única alternativa viable en el tiempo.


Sostuvieron que una barrera para que ese cambio se estanque es la falta de conocimiento y entendimiento. Por ello, IFC trabaja con los bancos para que la iniciativa IFC Green Banking Academy llegue a todos los involucrados, transmitiendo conocimientos y capacidades para abordar los retos y oportunidades que conlleva la mitigación y adaptación al cambio climático.


Destacaron que entidades como el Banco Fassil y la Cámara de la Construcción de Santa Cruz (Cadecocruz) han abierto en Bolivia un canal de comunicación y de acción. Así, los interesados tienen la posibilidad de acceso a asesoramiento e información pormenorizada sobre la migración de un modelo de negocios en vías de extinción hacia uno innovador verde, rentable económica y medioambientalmente.

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Carlos Serrano, responsable de Desarrollo de Negocio de Financiamiento Climático en Lationamerica y el Caribe, y David Serna, ingeniero mecánico, especialista en construcción sostenible y experto en certificación sustentable EDGE, son funcionarios de la Corporacion Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés), brazo privado del Grupo Banco Mundial.


IFC es la principal institución internacional de desarrollo dedicada exclusivamente al sector privado en los países en desarrollo que apoya a crear oportunidades para todos. En este sentido, frente a los retos que representa el cambio climático al desarrollo económico de los países, IFC impulsa los negocios verdes (climáticos) con las instituciones financieras en Latinoamerica y el Caribe.


Con motivo del evento “Impulsando la Construcción Sostenible en Bolivia” liderado por Banco Fassil y con el apoyo de IFC, Carlos y David explicaron los alcances de la propuesta para la transformación tanto de la banca como de los constructores hacia modelos de negocio sostenibles y socialmente responsables.

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